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Arshak Karhanyan

Detrás del expediente

En la Ciudad de Buenos Aires hay un policía desaparecido

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Escribe: ELISA CORZO   Ilustración: PANCHOPEPE |   05 de octubre 2022

PANCHOPEPE - MAPA - POLICIA DESAPARECIDO ok.jpg

El policía Arshak Karhanyan (28), de nacionalidad armenia, está desaparecido desde el 24 de febrero de 2019. Salió de su departamento en el barrio de Caballito y su rastro se perdió en una ciudad que tiene más de 15 mil dispositivos de videovigilancia operados por la misma policía. La querella apunta, sin dudas, a la responsabilidad de esa fuerza de seguridad en la desaparición. ¿A quién le cabe la responsabilidad de que las filmaciones y celulares peritados hayan sido borrados? ¿Qué oculta la brigada de Exposiciones? ¿Por qué la Justicia no aparta a esta fuerza de la investigación? ¿Por qué no se investiga este caso como una desaparición forzada?


Desde el domingo 24 de febrero de 2019 que no se sabe nada de Arshak Karhanyan, Oficial Primero de la policía de la Ciudad de Buenos Aires. En ese momento tenía 28 años y su sueño era terminar la carrera de Ingeniería en Sistemas de Información que cursaba en la UTN de Almagro. Ese deseo se había vuelto una necesidad cada vez más urgente, a medida que crecía su malestar con el trabajo en la policía, según cuenta su familia.
Desde que ingresó, en 2015, Arshak cumplió funciones en áreas especializadas: Cibercrimen, primero, e Investigaciones Delictivas (o Exposiciones) después. Algo que no está del todo claro pasó a fines de 2018, que provocó un cimbronazo en el área. Según lo declarado por varios policías en la causa 15.169/19 sobre “Averiguación de delito”, radicada en el juzgado nacional en lo Criminal y Correccional N° 27, a cargo del juez Alberto Baños, en ese momento varios oficiales fueron trasladados e incluso un jefe fue degradado. Arshak, con un perfil híper calificado, pasó a ser vigilante en una esquina.
En febrero de 2019, después de una semana de vacaciones en la costa, se presentó en su nuevo destino, la comisaría vecinal 7B, ubicada en Valle N° 1454, a unas cuadras de su casa en el barrio porteño de Caballito. 
Su familia cuenta que el joven oficial estaba muy contrariado con la nueva dinámica, con turnos rotativos de 12 horas que no le permitían organizarse para cursar. Por eso, como ese domingo 24 de febrero de 2019 estaba de franco largo hasta el martes, tenía planeado aprovechar para estudiar. Por la tarde, su mamá lo esperaba en la casa familiar de Flores. Y según se supo después, a partir de las pericias judiciales, también había quedado en verse con una chica que había conocido por una aplicación de citas, a quien le había dicho que trabajaba en una cadena de peluquerías del padre.
Pero la visita de un ex-compañero de la División Exposiciones pareció cambiarle los planes del domingo. A las 12.46 horas, una cámara ubicada en la cuadra de su departamento -en Av. Directorio entre Del Barco Centenera y Emilio Mitre- lo captó conversando en la vereda con Leonel Herba. 
Según lo atestiguado en la causa por la familia, a Arshak se lo ve raro, inquieto, “nervioso o a disgusto”, caminando de un lado a otro. En un momento, Herba le hace escuchar un audio. En sede judicial, dirá que es una grabación del día anterior de una conversación de ellos dos sobre un plan canje de autos. También dirá que tiene la costumbre de grabar conversaciones.
La conversación con Herba dura 45 minutos. Alrededor de las 13.30, Arshak sube a su departamento donde se queda alrededor de una hora. Durante ese tiempo, hace unas búsquedas irrelevantes en internet, se cambia el joggin por un jean, agarra el arma, su placa policial, una mochila y la tarjeta de débito y sale. En la vereda, deja la moto sin candado y en el departamento, sus dos celulares -el personal y el laboral- enchufados, cargando. Para la querella, esto da cuenta de que pensaba volver enseguida. También, que el plan que desarrolla después surge de la conversación con Herba, porque además, durante el lapso que está en el departamento no mantiene ninguna conversación telefónica. 
Podemos imaginar que para ir hacia el cajero del Banco Ciudad de la estación Primera Junta de la Línea A, donde lo captan las cámaras de seguridad minutos más tarde, encaró por calle Del Barco Centenera. Además de ser la vía más directa, de esta manera evitaría el intenso movimiento de turistas que los fines de semana hacen cola sobre Emilio Mitre para pasear en el Tranvía Histórico. 
En el cajero retiró $2000 y de ahí fue hasta el Easy ubicado en Rivadavia al 5700, a solo dos cuadras, donde en menos de 10 minutos compró una pala de punta, en efectivo. Las últimas imágenes que se conocen de Arshak son esas. Se lo ve con su campera azul francia en la línea de cajas. Luego, en la vereda, con el mango de la pala que sobresale de la mochila. En la filmación se ve que encara para la esquina de Espinosa. Mira, vacila y finalmente decide volver sobre sus pasos para caminar en sentido contrario, hacia Paysandú.
A partir de ahí, en una de las zonas más transitadas de una Ciudad que se regodea de estar cubierta en un 85% por cámaras de seguridad, su rastro se pierde. 
Recién en 2021, a partir del trabajo de la querella, se pudo saber que la tarjeta SUBE que usaba Arshak había sido activada ese domingo 24 de febrero, 5 minutos después de salir del Easy, en un colectivo de la línea 8, posiblemente hacia Ezeiza o Ciudad Evita. Hasta ese momento, todas las búsquedas se habían centrado en la zona de Caballito. Por el tiempo transcurrido, no se pudo recuperar otra información que permita confirmar o ahondar en esa pista. Por ejemplo, no se pudo saber si se cruzó nuevamente con Herba, quien vivía a solo cinco cuadras del Easy, hacia el mismo lado hacia el que caminó Arshak antes de tomar el colectivo.

 

Algo que no está del todo claro pasó a fines de 2018, que provocó un cimbronazo en el área. Varios oficiales fueron trasladados e incluso un jefe fue degradado. Arshak, con un perfil híper calificado, pasó a ser vigilante en una esquina.

 

En el país del desamparo

 

Era diciembre de 1997 cuando la familia Karhanyan-Davtyan decidió venir de Armenia a Buenos Aires en busca de una mejor vida. “Pero resultó mal”, sentencia Vardush, la mamá de Arshak, que en Buenos Aires se hace llamar ‘Rosita’ para facilitar la pronunciación de su nombre. “Llegamos a un país que no conocemos. Desde los primeros días tuvimos muchos problemas. Hasta ahora”, dice y traza una línea que conecta rápidamente el desamparo de ayer y de hoy. La primera dificultad, relata, llegó a tan solo una semana del arribo: el papá de Arshak se fue y no volvió más.  En un país completamente extraño, sin dinero y sin conocer la lengua, Rosita se quedó en la calle con sus dos pequeños hijos: Arshak de seis y Tigran de ocho. 
Con la ayuda de una amiga rusa y el apoyo económico de parte de la familia que se había radicado en Estados Unidos, pudo salir adelante. Al tiempo, alquiló un departamento en Flores, donde podía estar cerca del trabajo y de sus hijos.
Conseguir escuela para los chicos tampoco fue fácil. No los aceptaban por no tener la documentación argentina ni dinero. Finalmente, Arshak entró a un colegio armenio, el Marie Manoukian de Bajo Flores, donde Rosita daba clases de ajedrez para pagar parte de la cuota.
A pesar de toda esa adversidad, los dos niños armenios se adaptaron muy bien. Con el apoyo de un club de la colectividad, a los dos meses de llegar ya hablaban español. 
En la escuela, Rosita no recibía más que elogios por el desempeño de Arshak, que ya por entonces daba señales de los intereses que seguiría de grande. Recuerda que le decía que quería ir a una escuela en la que sólo den matemáticas, que no haya otras materias. También le desarmaba los electrodomésticos: “quería saber qué tenían adentro”.
La secundaria la hizo en el Liceo Militar, que tiene un régimen de internado, por lo que convivía con sus compañeros y compañeras de curso. En esos años, cosechó sus amistades más cercanas que hasta hoy acompañan a la familia en la búsqueda de respuestas sobre qué pasó con él. Al finalizar el Liceo, estudió un tiempo Aviación pero finalmente, cansado del trajín de un largo viaje en tren (en el medio ocurrió la
Tragedia de Once), se decidió por Ingeniería en Sistemas. 
Para Arshak, el estudio era lo más importante. Rosita cuenta que una vez le propuso ir a Armenia para que conozca una chica y se case. “Ay mamá, no me quiero casar, quiero terminar mi carrera”, dice que le contestó un poco molesto. “Muy pocos hombres son así como Arshak. Tuve marido, dos hermanos, uno es parecido a Arshak, el otro nada. Arshak trataba de hacer siempre bien. Cuando una lamparita no andaba bien, me decía ‘mirá mamá, la lamparita está quemada’. La compraba por internet, venía y la cambiaba, aunque ya no vivía conmigo”.
En 2015 tomó la decisión que marcaría su destino: ingresó a la policía Metropolitana. Su mamá dice que la noticia la estremeció pero entendió que quería independizarse. Lo consiguió en 2017, cuando se mudó al 6° piso del edificio de Avenida Directorio al 900,  lugar en el que residió hasta ese domingo de 2019 en el que se lo vio por última vez. Con lo que le pagaban mientras hacía el curso para ingresar en la Policía, “que era poquito”, se compró una bicicleta, rememora Rosita. “Y me dijo: ‘mamá, yo me compré una bicicleta pero no se manejar. No tengo papá que me enseñe’. Pero yo te enseño”, le contestó su mamá, que no había necesitado un hombre para sacar adelante a su familia. 
“Yo también me pregunto de dónde saco energía de seguir viviendo”, dice Rosita. “A veces digo, capaz Dios me da esa energía por Daniel (su pareja actual que tiene una discapacidad). Porque si yo muero o caigo en cama, Daniel se muere. Es un fuerte dolor que yo tengo, no se cómo explicar. No suena bien pero te tiene que pasar para entender. Cuando te toca a vos, sentís de otra forma. Yo duermo muy poco, a las tres de la mañana estoy despierta. A veces escucho una moto, porque Arshak manejaba una moto, o un sonido, un grito, y pienso ‘capaz vino Arshak y alguien lo quiere lastimar’, y salgo al balcón. Si alguien me ve van a pensar que estoy loca. Pero no se dónde meter cabeza, a veces quiero olvidar todo. Pero no puedo”.

 

En 2015, Arshak tomó la decisión que marcaría su destino: ingresó a la policía Metropolitana. Su mamá dice que la noticia la estremeció pero entendió que quería independizarse. 

 

Sin rastros 


Al inicio de la causa, el área a cargo de dar con el paradero de Arshak era la División Búsqueda de Personas de la policía de la Ciudad, y más concretamente, quien realizaba las diligencias era un amigo de Leonel Herba, el hoy subcomisario Ulises Islas, quien en 2021 fue nombrado como Segundo Jefe de la Alcaidía de la Comisaría Comunal 8 Bis. Se habían conocido en el área de Exposiciones, la misma en la que estuvo Arshak hasta el 31 de enero de 2019.
Las primeras declaraciones testimoniales de Herba las tomó Islas. Y fue ese mismo policía el que se encargó de recolectar las cámaras de seguridad que había pedido el fiscal. “En cierto momento, el cual no es claro para ésta querella, Búsqueda de Personas y la Fiscalía descubren este importante yerro y deciden apartar a Ulises Islas de la investigación, pero el daño ya estaba hecho", escribía el abogado de la causa,
Juan Kassargian, en un escrito judicial de marzo de 2021 en el que detallaba todas las irregularidades cometidas por la policía de la Ciudad y en el que pedía que el caso de investigue como desaparición forzada.
La familia fue aceptada como querellante recién siete meses después de iniciada la pesquisa, en septiembre de 2019. En ese momento, empiezan a ver las irregularidades en el tratamiento de la prueba y se organizan para ver las 1.500 horas de video que había en la causa. Esto es importante porque “ningún juez o fiscal revisa enteramente la prueba, descansa en quien le hace un informe”, explica Kassargian. Y en este caso, “todas las pruebas le llegan al juez o al fiscal mediatizadas por la policía de la Ciudad”. En esa revisión, se dan cuenta de que las filmaciones que están en la causa son de días y horarios que no son relevantes para la investigación, y que las filmaciones de los días y horarios más necesarios, que permitirían saber qué hizo o con quién se encontró Arshak después de salir del Easy o qué hizo efectivamente Leonel Herba, no están. “Vemos que la prueba está preseleccionada para no llevar a ningún lado”, concluye.
El derrotero de las cámaras no terminó ahí. Kassargian le insiste al fiscal para que pida todas las filmaciones, sospechando que la policía se había acovachado parte de la prueba. La respuesta llega un año después del pedido, “te estoy hablando de dos años y medio después del hecho”, subraya el abogado. Recién en ese momento, la policía informa que había 70 GB que no se habían podido llevar del Centro de Monitoreo Urbano por falta de espacio en los dispositivos de almacenamiento.
También responde que -sin autorización del juez- se había reducido el rango de consulta y preservación de filmaciones, y que sólo se enviaban imágenes del 23 de febrero de 2019, de entre las 12.00 y las 14.00 horas,  "que es lo que se pudo resguardar debido a dificultades técnicas”, cita Kassargian en el mencionado escrito judicial. 
Ante el pedido al Centro de Monitoreo, éste contesta que no tienen los archivos, que están guardados en la secretaría de Seguridad del Gobierno de la Ciudad. “En un escrito posterior le pido al juez: por favor, allane, secuestre el server, cosa que no digan después ‘el disco se sobre-escribió, no se puede recuperar’”, continúa el relato de Kassargian en la causa. Pero el juez no lo hace y, directamente, le pide a la secretaría que mande los 70 GB. Como respuesta, la empresa prestataria DANAIDE hace saber que el servidor donde estaban esos archivos de video había dejado de funcionar por dificultades técnicas, “apagándose en forma definitiva".
A tres años de iniciada la investigación, Kassargian habla con el Mapa de la Policía y concluye que esos hechos constituyeron una “destrucción deliberada de prueba, que ya atraviesa a distintas estructuras de poder” porque “no es un cabo cualquiera, acá hay subcomisarios, comisarios, jefe de la policía y funcionarios de la Ciudad”, asegura.
“Superó mi imaginación, pensé que iba a ser algo más mundano y no que un rayo lo quemó”, ironiza el abogado sobre la respuesta de la secretaría de Seguridad, a cargo de Marcelo
D’Alessandro.
 

Dos años y medio después de la desaparición, la policía informó que había 70 GB (de información de video) que no se habían podido llevar del Centro de Monitoreo Urbano por falta de espacio en los dispositivos de almacenamiento. 

 

Celulares reseteados


Las conversaciones telefónicas o por mensaje que Arshak sostuvo en las semanas previas a su desaparición son otro elemento de prueba fundamental que podrían haber echado luz a la investigación, pero también se perdieron.
Arshak tenía dos teléfonos, un I-Phone 7 de uso personal y un Samsung, del trabajo. El más importante, el personal, fue entregado por su hermano Tigran cuando fue a radicar la denuncia. Lo entregó funcionando, según consta en la causa, pero el área de Cibercrimen de la policía de la Ciudad lo devolvió al fiscal con un cartel de “desactivado”.
“Al desactivarse el I-Phone 7 y pese al restablecimiento de la copia de seguridad, sólo se recuperó la información previa al 31 de enero de 2019 (fecha de última actualización), y se perdió la información de los 24 días previos a la desaparición, donde podría hallarse prueba clave para la investigación”, explicaba el fiscal
Santiago Vismara en marzo de 2021 al pedir, al igual que la querella, que el caso se investigue como desaparición forzada.
Tras varias idas y vueltas e intentos de culpar a Tigran por el bloqueo del I-Phone, una junta pericial conformada por distintas fuerzas federales -Prefectura, Gendarmería, la Policía de Seguridad Aeroportuaria, la Policía Federal y la DATIP (Dirección Nacional de Investigaciones y Apoyo Tecnológico a la Investigación Penal del Ministerio Público Fiscal)-, concluyó que no se habían respetado las buenas prácticas de la informática forense.
El contenido del celular de Herba también era relevante para la causa pero él mismo lo borró. En sus declaraciones, solo explicó que tenía la costumbre de borrar todo el contenido del teléfono para no tener que darle explicaciones a su pareja de sus conversaciones. "Si bien cada irregularidad podría ser achacada a título de negligencia o dolo, la sumatoria de inoperancias del personal supuestamente calificado para realizar la tarea encomendada denota la clara voluntad dolosa de los investigadores para que no salga a la luz la verdad", concluía el abogado Kassargian en 2021, al argumentar la necesidad de que se aparte inmediatamente a la policía de la Ciudad de la investigación. Al mes de septiembre de 2022, esto sigue sin ocurrir.

Al desactivarse el I-Phone 7 y pese al restablecimiento de la copia de seguridad, sólo se recuperó la información previa al 31 de enero de 2019 (fecha de última actualización), y se perdió la información de los 24 días previos a la desaparición.

 

Versiones disímiles de una ausencia


Antes de su pase de Exposiciones a la comisaría 7B, a Arshak le habían imputado el robo y posterior falsificación de los números que identificaban a su chaleco.   Entre los testimonios de integrantes de la policía de la Ciudad, hubo uno que decía que Arshak se había ido al Amazonas por miedo a que lo echen de la fuerza, justamente, por esa denuncia.
Para Kassargian esta hipótesis es inviable. Ante una situación así, argumenta, el procedimiento habitual es hacer una denuncia interna por un tema patrimonial. Por eso, sí le llamó la atención que en este caso un comisario haya recurrido a una extraña jurisdicción, donde tenía un comisario amigo, para radicar la denuncia. “Todo termina en que eso no fue así”, resume. Cuenta que Arshak finalmente buscó el chaleco en su antigua brigada y lo devolvió.  “Perder un chaleco, perder una gorra, perder un pantalón, menos el arma que es otra historia, es simple: te comés cinco días de arresto y lo tenés que pagar. No es que te van a ahorcar si perdiste el chaleco, lo denunciás. No es un tema relevante”, afirma. 
Para la querella esta es una de las tantas versiones que intentó introducir la policía para desviar la investigación. También hubo quienes mencionaron que se había ido a Machu Picchu, Perú o Armenia a buscar a su padre, con quien Arshak no tenía ningún tipo de contacto desde hacía años. La versión más descabellada fue que era un espía que trabajaba para el Gobierno de Nicolás Maduro. 

 
 

Hubo quienes mencionaron que se había ido a Machu Picchu, Perú o Armenia a buscar a su padre, con quien Arshak no tenía ningún tipo de contacto desde hacía años. La versión más descabellada fue que era un espía que trabajaba para el Gobierno de Nicolás Maduro. 

 

Lo que la brigada no dice


De acuerdo a la hipótesis de la querella, todos los indicios apuntan a Exposiciones, esta brigada de la policía de la Ciudad que se dedica a allanamientos e incautaciones de distintos elementos ilegales y que depende jerárquicamente de la Dirección de Asuntos Judiciales y de Coordinación con el Ministerio Público, de la Superintendencia de Investigaciones. La sede del área, que hace unos años cambió su denominación a Investigaciones Delictivas, funciona en el segundo piso del edificio de Ecuador 261, en la misma manzana de la Agencia Gubernamental de Control. 
Cuando a fines de 2018, Arshak es trasladado a la comisaría 7B, el área tenía entre sus principales jefes al comisario Gustavo Martín Campuzano. Varios policías atestiguaron que Campuzano, designado en 2021 en la División Sumarios y Brigadas de la Comisaría Comunal 1, fue quien ordenó el pase que para Arshak significó un castigo, porque lo sacaron a la calle y le pusieron horarios que interferían con sus estudios. Eso, cuenta el entorno de Arshak, no hizo más que aumentar su malestar con la fuerza. 
Su mamá contó que en el día previo a la desaparición, durante la visita al departamento familiar de Flores, Arshak recibió unos mensajes que le hicieron cambiar de humor. “Luego de ofuscarse con su lectura le dijo a su madre que ´ya está´, ´basta´, ´voy a dejar la Policía”, citaba Kassargian en uno de los escritos de la causa. Quién le envió esos mensajes a Arshak y qué decían es algo que no se pudo constatar tras la desactivación del I-Phone 7. 
También fue en los pasillos de Exposiciones donde apareció una llamativa intervención al cartel de recompensa por datos sobre Arshak. Alguien escribió: “Soltame Leoooo” en un globo de diálogo que salía de la boca del joven desaparecido, y al lado, una lista de otros policías, todos de esa brigada. Cuando se les tomó declaración a los policías, “todos desfilaron diciendo ‘bueno, esto fue una broma, un chiste’”, cuenta Kassargian. Y agrega: “Acá hay otro tema de fondo con el cartel, que me rompió la cabeza cuando hicimos la
marcha a tribunales: “¿Cómo es que en esa marcha no hubo 2.000 policías reclamando por Arshak?”. Y remata: “¿Cómo es que sus propios compañeros hacen un chiste sobre la posible desaparición y muerte? Es macabro”.

 

¿Cómo es que en esa marcha no hubo 2.000 policías reclamando por Arshak? ¿Cómo es que sus propios compañeros hacen un chiste sobre la posible desaparición y muerte? 

 

Líneas sin investigación


Al referirse al estado de la causa, a Juan Kassargian le gusta dar dos respuestas. “Una, la formal, dice que estamos en plena etapa de investigación con un montón de pruebas que viene desarrollando Su Señoría”. Pero “la respuesta real”, agrega, “es que desde hace un año la causa esta parada porque todo ese despliegue probatorio que está haciendo el juez de instrucción -que apunta al hermano o a los amigos de Arshak del curso de piloto-  no lleva a ningún lado. Ninguna se adecua a mi hipótesis delictiva de que fue la policía”, afirma.
Hace un año y medio la Cámara de Casación rechazó el pedido para que el caso sea investigado como desaparición forzada y pase a los Tribunales Federales por considerar que era un pedido prematuro y que los elementos de prueba -muchos de los cuales se desarrollaron en este artículo- no eran suficientes.
“Si (la causa) va a la justicia federal cambia todo rotundamente. Porque quien se pone a investigar se pone los lentes de mirar delitos del tipo de desaparición forzada. No es lo mismo investigar un robo que un delito de violencia de género, requiere herramientas diferentes, miradas diferentes”, fundamentaba Kassargian en relación a su pedido sobre el que volverá a insistir con la expectativa de que a más de tres años deje de ser considerado prematuro.
También señala dos cuestiones clave que se deberían profundizar y que el juez desestima. La primera, sobre Jazmín Soto, la ex pareja de Herba. Tal como reveló Irina Hauser en
Página 12, en una conversación grabada por el mismo Herba, Jazmín le dice “vos seguí haciendo desaparecer gente”. Cuando la llamaron a declarar, la mujer dijo que lo había dicho enojada, como una anécdota más de la relación tóxica con Herba. 
Hay otros diálogos protagonizados por la pareja que si bien no refieren al caso puntual de Arshak, dan pistas del funcionamiento de Exposiciones, el área señalada por la querella. En una conversación de 2018 recuperada del teléfono de Leonel Herba, parecen intercambiar sobre distintos agentes y su predisposición a participar de prácticas ilícitas. De quien era jefe directo de Herba y Arshak, Jazmín dice que eso “le re cabe”. Herba le contesta confirmando esa aseveración, y agrega: “Pero sólo cuando se da. No sale a buscar nada porque es vago y cagón”.
En otra conversación surgida de una escucha en el marco de la causa, Jazmín se queja de que Herba no se comporta bien con ella, a pesar de todo lo que hace por él, como ir a declarar a fiscalía por el caso de Arshak.  "Este pibe (por Herba) no sé qué cagada se habrá mandado con el chabón. Si yo soy piola con él, él tiene que ser piola conmigo (Herba), y cierro el culo con un montón de cosas que sé de él, del trabajo, que lo puedo mandar re en cana", dice.
Otra cuestión que para Kassargian es clave y que no está siendo investigada debidamente se desprende de una escucha a dos policías del área de Cibercrimen, en la que hablan de un informe paralelo sobre los peritajes del teléfono I-Phone de Arshak. En la conversación del 3 de septiembre de 2019 intervienen el subcomisario Miguel Angel Flores y el subcomisario Maximiliano Méndez:


- Flores: Después acá Cartier (el comisionado mayor Julio Víctor Martínez Cartier) le pidió acá un informecito, de las cosas que hicieron… aparte… que no figuran en el informe, que es para el director, yo no se que tan bueno es eso.
- Méndez: No, y eso… no se… porque sino… (no se entiende) constancia… vamos a estar ventilando cosas…
- Flores: Claro, para mi va a ser un arma de doble filo.


Ninguno de estos policías fue sancionado o apartado de la policía. En 2021, tanto Méndez como Flores habían sido designados como jefes en áreas de la Superintendencia de Tecnología Informática, cargos en los que posiblemente continúen. Y como ya se mencionó, la policía de la Ciudad sigue a cargo de las diligencias que le dicta el juez Baños para la investigación de la desaparición de Arshak. “El Código Procesal Penal Nacional, que es el que rige este proceso, porque estamos en la Justicia Nacional, dice expresamente que cuando hay alguna sospecha de un delito cometido por el miembro de alguna fuerza de seguridad, todas las acciones que ordena el fiscal, las tareas investigativas, las debe hacer un miembro de otra fuerza”, explicaba Mariano Przybylski, director nacional de Políticas contra la Violencia Institucional de la secretaría de Derechos Humanos de la Nación, en una entrevista con Télam. Cabe destacar que en 2021, esta secretaría había solicitado ser parte querellante en la causa así como el cambio de fuero. Ambos pedidos fueron rechazados tanto por el juez Baños como por la Cámara de Apelaciones.

Hace un año y medio la Cámara de Casación rechazó el pedido para que el caso sea investigado como desaparición forzada y pase a los Tribunales Federales por considerar que era un pedido prematuro y que los elementos de prueba no eran suficientes.

 

Algo habrá hecho


El otro actor, silencioso, en esta saga es el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta. Desde el primer día, la mamá de Arshak reclama sin suerte que la reciba.
A principios de agosto hubo un acto del oficialismo porteño en Flores. Rosita fue hasta el lugar para intentar un acercamiento con Larreta. La atendió una asistente y, de mala gana, anotó su teléfono y prometió un llamado que todavía no se concretó.
“Yo no sé por qué no quiere saber nada”, exclama Rosita. “Piensa que somos familia problemática, pero no queremos nada, queremos hablar, que me expliquen por qué no encuentran a mi hijo, es su empleado”, subraya.  Una hipótesis probable es que para el Gobierno de la Ciudad pesen más las sospechas sobre Arshak que su carácter de víctima y la importancia de saber qué pasó.  
Hay dos o tres elementos que sugieren que estaba involucrado en algún ilícito: una escucha telefónica en la que dos policías insinúan que andaba en algo, el episodio del chaleco, la degradación de Arshak a vigilante de esquina y, por supuesto, los últimos movimientos del joven: que salió de su casa con el arma, sin celulares que permitan rastrear su ubicación y la enigmática compra -en efectivo- de la pala de punta. Rosita agrega otro elemento posible que podría explicar la negación de Larreta con el caso: el origen migrante de la familia. 

En el barrio de Arshak casi nadie conoce el caso y se sorprenden ante el relato de lo acontecido. En ningún comercio ni edificio público hay rastros de él ni de la búsqueda. 
A primera vista, parece haber triunfado la indiferencia oficial. 
Ante la pregunta de si le gustaría volver a Armenia, si no se cansó de las adversidades que encontró en Argentina, Rosita responde con una negativa rotunda. Cuenta que todo el mundo, sobre todo sus clientas de la peluquería, piensan que se quiere ir y le piden que no las deje. “Si yo dejo el país me parece que pierdo a mi hijo 100 por ciento”, explica. “Y todavía tengo una pequeña esperanza de que algún día vamos a saber algo”. 

 

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